“Hasta hace apenas unos meses mi pequeño era un bebe sociable que no mostraba temor a los extraños e iba de brazo en brazo sin temor alguno, “no extrañaba”. Desde hace aproximadamente un mes, coincidiendo con su  8º cumple mes muestra temor a los extraños y cuando vamos a casa de mi madre o de algún otro familiar no se suelta de mis brazos. No entiendo lo que pasa…Está muy “enmadrado” ?
Esta es una consulta habitual en el primer año de vida. Las madres se preocupan por ese repentino cambio de carácter. Trataré de explicar como opera el psiquismo del bebé y que ocurre en este momento evolutivo 
Imaginemos la siguiente escena. Nuestra madre, a lo largo de nuestros primeros meses de vida, gracias a lo que Winnicott denomina “preocupación maternal primaria”, respondiendo y traduciendo nuestras necesidades básicas a la perfección, se las ha arreglado para crear un escenario ilusorio, falso, pero necesario, el cual nos hace pensar que no existe un “otro”, sino una unidad indiferenciada mamá-bebé en la que yo, bebé, controlo la satisfacción de mis propias necesidades. No existe una sensación real de necesidad, sino una cierta omnipotencia.
De repente, y coincidiendo con el desarrollo de nuestras capacidades cognitivas y motrices (gateo) descubrimos que mamá y yo somos “personitas” separadas. Cae la sensación de autosuficiencia, de omnipotencia, el “otro” nos hace falta pero no nos vale  cualquier “otro” sino ese “otro” que hasta ahora reconocíamos como parte integrante de nosotros. Ese otro que cubría al instante nuestras carencias ahora puede irse, esfumarse…y eso nos angustia.   
Algunos autores coinciden en señalar que hasta ese momento clave no podríamos hablar ni si quiera de vínculo porque para que exista un vínculo serían necesarias dos seres diferenciados. Nuestro hijo no está muy “enmadrado”,está mostrando un claro signo de madurez psíquica. Lo que podría interpretarse como un retroceso evolutivo es el inicio de un largo camino a recorrer hacia la independencia. 
Existen juegos clásicos con los bebés como el Cucú en los que de manera lúdica el bebé puede poner en práctica la alternancia entre presencia-ausencia que le ayudarán a tolerar las separaciones de sus figuras de apego.