Es bastante común escuchar en el
discurso popular afirmaciones relativas a los beneficios de la escolarización
temprana en aras de una adecuada socialización. Contrariamente a lo más
comúnmente aceptado, los avances en el conocimiento del desarrollo evolutivo,
han venido a confirmar que la necesidad
prioritaria de un niño en sus 3 primeros años de vida es el establecimiento de
un vínculo de apego seguro con su figura materna
. Esta es la base de un
desarrollo sano a todos los niveles, y desde esta base se construyen unos
cimientos sólidos para las futuras relaciones afectivas y sociales. Con esto no
quiero decir que los niños no requieran de contacto
con otros niños
sino que no es una
prioridad en su desarrollo evolutivo hasta aproximadamente los tres años
.
Esta función materna se traduce en
palabras de Donald Winnicott en lo que denomina las tres funciones maternas; el sostenimiento o sostén (holding), la manipulación o manejo (handling), y la presentación objetal (objet-presenting)
La primera de las funciones es el Holding, o sea la capacidad de sostener emocionalmente al niño, en todo momento y
en todos los estados por los que pueda atravesar su afectividad y su
impulsividad. Naturalmente habrá emociones plácidas y otras altamente
displacenteras, y ahí requerirá que la madre le preste su capacidad de
contención y sostén para que él logre sobrevivir a la intensidad de lo
vivenciado.
La segunda función es el Handling, se refiere más a los soportes y cuidados concretos y reales que
el niño necesita
, a estar sintonizados
y atentos a sus necesidades de manipulaciones de alivio sobre su cuerpo real:
mirarlo, tocarlo, acariciarlo, limpiarlo es decirle “te quiero, me importas, tú vales, mereces, eres objeto de mi amor”
en el lenguaje del cuerpo, dejar de hacerlo es dar el mensaje contrario. El
logro psicológico que permite un buen Handling es la vivencia de personalización,
de habitarse a sí mismo, de sentirse una unidad desde lo psicológico, con el
Holding y desde lo corporal con el Handling.
Junto con el sostenimiento o
sostén (holding) y la manipulación o
manejo (handling), Winnicott describe
una tercera función materna: la
presentación objetal (
object-presenting).
Esta función consiste en mostrar
gradualmente los objetos de la realidad al infante para que pueda hacer real su
impulso creativo
. En “La relación inicial de una madre con su bebé”, lo
describe así: “La muestra de objetos o
realización
(esto es, hacer real el impulso creativo del niño) promueve en el bebé la capacidad de
relacionarse con objetos”
(La familia y el desarrollo del
individuo

Hormé, Buenos Aires, 1980, p. 34).
Con respecto a estas funciones,
Winnicott dirá que al examinar a un niño uno puede ver si ha sido bien
sostenido física y emocionalmente o no. O sea habrá una confiabilidad
garantizada respecto de su desarrollo o no, con la posible presencia de
angustias impensables. Podríamos afirmar que el apuntalamiento de estas dos
funciones en la primera infancia es fundamental
para una
posterior socialización sin dificultades.
Esto se traduce en la práctica en
acciones muy concretas: contacto
físico,  presencia, muchas ocasiones de
atención no dividida, atención continua hacia sus necesidades, escucha y
traducción de sus señales, contacto visual, determinados tonos de voz,
determinada forma de tocar en los cuidados diarios, cierto tipo de lenguaje,
etc., etc.
Sin embargo, el desarrollo de estas funciones con la dedicación, tranquilidad y esfuerzo que implican
desde que la consolidación de la incorporación de las mujeres al mercado laboral
se ve gravemente dificultada. La responsabilidad en la crianza de los
hijos hoy en día ha sido desplazada
forzosamente a tres pilares; escuelas
infantiles, empleadas domésticas, y, cómo no, los abuelos.
La opción de las
empleadas domésticas
presenta en mi opinión algunas dificultades como son:
·     
Falta de experiencia y formación.
·     
Inestabilidad laboral, lo que provoca
en muchas ocasiones cambios continuos en la figura de referencia, que afectan gravemente al establecimiento
del vínculo.
·     
Responsabilidades añadidas, como la
limpieza del hogar.
·     
Ausencia de un plan de trabajo con
los niños.
·     
Diferencias importantes en los
códigos culturales.
En el caso de los
abuelos u otros familiares
, y sin caer en generalizaciones, las dificultades
derivan de cuestiones como el cansancio físico propio de la edad, que les
impide en muchos casos llevar a cabo una crianza que les sobrepasa.

El pilar que
podríamos denominar más profesional, la
escuela infantil
, a pesar de la evolución que ha sufrido desde sus inicios,
adolece de graves carencias. Las ratios legales establecidas educador/alumno
continúan siendo 

excesivas y atienden más a criterios de rentabilidad
económica que a las necesidades educativas de los niños. Actualmente la
normativa marca:
·     
Entre
6 y 8 para niños menores de 1 año.
·     
Entre
10 y 13 para niños entre 1 y 2 años.
·     
Entre
16 y 20 para niños entre 2 y 3 años.
Cualquiera que tenga experiencia
en el trato con niños sabe que atender a 6 bebés durante 8 horas seguidas es
materialmente imposible para cualquier persona por muy preparada que esté, lo que
dificulta enormemente el establecimiento de un vínculo afectivo con la persona
que les cuida.
Las Madres de Día, una figura muy extendida en Europa, se presentan
como  una alternativa más racional a las
escuelas infantiles, guarderías, abuelos u otros cuidadores para las familias
que necesitan dejar por unas horas a sus bebés. “Tagesmutter” en Alemania, “Childminders”
en Inglaterra, “Amans de jour” en
Suiza, “Assistance maternal” en Francia,
son distintos nombres para calificar a mujeres que acogen en sus casas a un
grupo pequeño de niños pequeños, y les ofrecen un segundo hogar con una alta
calidad de cuidado personalizada durante el tiempo que sus padres no pueden
estar con ellos.
En los próximos días continuaré
hablando más profundamente de las Madres de Día