La fase de negativismo es un periodo evolutivo por el cual pasan la mayoría de los niños entre los 18 meses y los 3 años de edad. Durante este tiempo, los niños responden negativamente a muchas demandas, independientemente de que sean o no de su agrado. Pareciera que emiten una negativa por sistema y que en cierto modo disfrutan del juego que se plantea rechazando una sugerencia, sin importar si se trata de ponerse la ropa o desvestirse, salir a jugar al patio en la escuela, entrar o salir en la bañera o comer lo que les ofrecemos.

Una vez más, la percepción que nosotros tengamos acerca de la mala intencionalidad del niño en sus afirmaciones determinará nuestra respuesta. No es lo mismo interpretar que el niño está en momento de autoafirmación de su personalidad que entender que desafía descaradamente nuestra autoridad. Con sus negativas en muchas ocasiones no tratan de desafiarnos ni establecer un pulso de fuerzas que requiera de una actuación autoritaria para dejarle claro los “límites”. Hay una segunda lectura en sus negativas en la que nos mandan mensajes relacionados con su necesidad de ganar progresivamente mayores cuotas de autonomía. Vale la pena escucharles con atención y oiremos otros mensajes. No es lo mismo interpretar que nuestro hijo rechaza nuestra comida que entender;¡Mamá, quiero comer yo solito!

Veamos algunas recomendaciones que pueden suavizar el conflicto y contribuir favorablemente en su desarrollo evolutivo:

• Siempre que sea posible, ya que hay cuestiones “no negociables”, que atañen a su seguridad, trate de plantear varias alternativas ante una determinada decisión. De esta manera conseguiremos generar en el niño un sentimiento de libertad y control sobre sus decisiones lo que ayudará a que él esté más dispuesto a colaborar. Algunos ejemplos de alternativas serían dejar que su hijo elija entre una ducha o un baño; qué libro quiere leer; qué juguetes se llevará a su habitación; qué ropa se pondrá; qué quiere tomar en las comidas; y así sucesivamente. Para las tareas que no le agraden, déjelo que tome voz en el asunto, preguntándole “¿Quieres hacerlo lentamente o rápido? “o “¿Quieres que lo haga yo, o lo vas a hacer tú?”

• Proporciónale un tiempo de transición para el cambio de actividades. Los niños necesitan un lapso de tiempo para desconectar de una actividad. Por ejemplo, si está jugando y se acerca la hora de la cena, avísale 5-10 minutos antes.

• Evite que su hogar se convierta en un cuartel. A mayor exigencia, menor probabilidad de que el niño esté conforme en cumplir todas la normas. Intente conseguir que su hijo se sienta menos controlado y tenga con él, día a día, más relaciones positivas que contactos negativos.

• No cometa el error de ofrecerle alternativas en cuestiones en las que sólo hay una respuesta aceptable, pero intente guiarlo de una manera tan positiva como sea posible (“Hagamos esto”). Las órdenes como “Haz esto o si no…” pueden funcionar temporalmente pero pierden su efectividad a largo plazo.

• Por último, si no quieres que tu hijo utilice el NO por sistema evita usarlo tú por sistema. A veces es difícil diferenciar si se trata de una fase evolutiva en los niños o en los padres.

Paciencia, ingenio y creatividad son los elementos indispensables para el día a día, evitando litigios, que en ningún caso favorecen ni al niño ni al vínculo con él.