La autoestima de los niños/as se construye en base a la experiencias y aprendizajes que el niño/a va incorporando desde los 0 años a los 6-8 años aproximadamente. Durante estos años, el niño va integrando información en su mente a través de sus experiencias y del entorno.

Dentro de estos aprendizajes, cabe destacar, que las emociones que presentan los padres respecto a sus dificultades juegan un papel fundamental. Es decir, si las figuras de apego, experimentan tristeza, pena, miedo, trasmitirán inconscientemente estas emociones a su hijo/a y esto aumentará la posibilidad de que su hijo/a se sienta de forma similar en relación con su dificultad.

Todos estos aprendizajes conformarán el sistema de creencias del niño, y éstas creencias configurarán cómo se verá el menor a sí mismo (autoestima), cómo se sentirá ante determinadas situaciones y cómo actuará.

Por ello, el principal objetivo que debemos promover en estos niños/as son aprendizajes que faciliten una buena autoestima. Pero, ¿Cómo podemos hacer esto?

En primer lugar, durante el proceso de crecimiento sería recomendable ayudarles a descubrir, asumir y potenciar quiénes son. Cuando los niños aprenden desde pequeños a interpretar como se sienten en cada momento y aceptan sus emociones y conductas, comienzan a ser conscientes y responsables de ellos mismos. En ese momento, con la ayuda de los padres, pueden ser capaces de buscar en ellos mismos las soluciones a su estado emocional y a las situaciones que les plantea la vida. Esto les aporta muchísima seguridad y fortaleza, ya que se ven capaces de afrontar cualquier situación.

En segundo lugar, sería recomendable trasmitirles que poseen posibilidades infinitas de conseguir lo que desean independientemente de su dificultad o discapacidad, es decir, no les pongamos barreras a lo que pueden conseguir. Esto significa ser realista, y a la vez trasmitirles su potencial personal. Como dice la frase “Lo que crees, creas”. Si ellos creen en sí mismos, conseguirán lo que se propongan.

Por otro lado, aconsejaría que se familiarizasen con la idea de que ser diferentes no es algo negativo. Cuando los niños/as saben en qué se diferencian de los demás, se sienten felices y especiales. Así, ser diferente por ser sordo, por tener dificultades para andar o por otro motivo, puede ser algo que les haga sentir únicos.

En cuarto lugar, invitaría a los padres a que mediante la comunicación con sus hijos, les conduzcan a darse cuenta de que la dificultad que presentan es simplemente eso, una dificultad, y que todas las personas tienen dificultades. En el caso de estos niños, la dificultad afecta a los sentidos o a sus órganos, pero en todas las personas existen dificultades de algún tipo, ya sean emocionales, intelectuales, sociales, etc. Ellos simplemente tienen una dificultad distinta. Y estas dificultades no les hacen ser menos, ya que la dificultad no es un sinónimo de inferioridad, de lo contrario, todos seríamos menos. Lo que hace a las personas ser especiales son sus valores humanos y sus actos, no sus dificultades.

Enseñarles a que la felicidad depende de cada uno, por lo que tienen el poder de ser felices. Los niños/as con discapacidad o dificultades físicas o sensoriales, en ocasiones esperan que los demás les hagan tanto caso como les hacen sus padres, y si no sucede así, se sienten ignorados o poco valorados. Al aprender que la felicidad depende exclusivamente de ellos desarrollan recursos destinados a no depender emocionalmente de otras personas.

Por último, resulta fundamental que los padres se preocupen por conectar emocionalmente con los niños/as, es decir, que no juzguen cómo se sienten, que sean capaces de sintonizar afectuosamente con ellos/as independientemente de su conducta y/o emoción. En ocasiones, los padres intentan hablar con sus hijos con el objetivo de que aprendan sobre una determinada situación o para aliviar su malestar, pero muchas veces sucede que los padres desconocen cómo llegar a ellos. Conectar con las emociones de tu hijo/a, aceptándolas y permitiendo que la exprese, facilitará que éste se sienta querido y se abra a recibir y escuchar desde la tranquilidad, ya que se sentirá comprendido y apreciado, en definitiva, valioso.